Lo primero que abre los ojos en el día a día son las varillas de mi paraguas, ya ondulado por el viento y por el uso. El cielo plomizo, los ladrillos caravista, los arbustos de las casas de dos plantas, los espacios cuadrados de los árboles, los gatos escondidos en las ventanas, las paredes de patios salvajes, el silencio, restos de agua agolpada bajo alguna baldosa movida, la suciedad de mis botas de agua, llovizna que no cesa, chubasqueros de colores oscuros, todos vamos hacia adelante, nos escondemos bajo el paraguas bajo las capuchas y yo ando, llevo chaqueta de pana con chapa que me recuerda un poco lo que ha pasado en mi pasado reciente, teatro; teatro que esta en pausa, todo se mueve entre bambalinas, yo algunas veces perpleja por como suceden las cosas, indignada por determinadas situaciones, querida por un partner que confía en lo que saldra en escena algún día...Miro con mi cuerpo y con mi mente, como si no perteneciera a lo que sucede delante y alrededor de mi, la mayoría de las veces estoy cansada y las otras me dejo llevar por la marea plomiza.
Londres, ciudad de mi imaginario con niebla y lluvia, se desvanece en realidad y cotidianidad, me descubro y vivo donde estoy, en ciudad inglesa, palacio de cristal sobre colina espigada.
La vista me marea y me hace quedarme quieta.